

CON LA SIMPLICIDAD cautivadora que caracteriza a la música popular, un sencillo valsecito peruano ancló tan profundo en la esencia de una ciudad, que bien nos podríamos cuestionar cuál dio origen a cual.
Es cierto que “La Joya del Pacífico” nació inspirada en Valparaíso, pero no se puede negar que esta famosa canción se convirtió en la responsable de que en nuestras mentes quedara grabada para siempre la imagen de un pintoresco puerto, que se asemeja a un arcoiris por sus múltiples colores y cuyas mujeres son blancas margaritas arrancadas del mar.
Hace varios años, un entonces desconocido Lucho Barrios vino desde Perú para hacer suya la historia de aquel hombre que iba de cerro en cerro en busca de su amor. Es muy probable que gracias a la particular interpretación de este cantante hayamos tenido nuestro primer encuentro con el mítico tema, pero que hoy no recordemos cuándo sucedió.
Y es que “La Joya del Pacífico” forma parte de esas creaciones musicales que están a tal punto incorporadas en nuestra memoria que no sabemos cómo las conocimos ni en qué momento nuestro inconsciente se las aprendió.
Por eso, posiblemente, muchos ignoran que fue el chileno Víctor Acosta quien escribió y musicalizó aquella tonada que con el tiempo se transformó en todo un himno para la ciudad porteña. Este trovador fue el padre de una lista importante de canciones que forman parte de la cultura popular, pero basta con destacar la que dedicó a Valparaíso para comprender la trascendencia de su contribución al arte nacional.
Es una lástima que Tito Acosta haya sido condenado al más ingrato olvido.
Lo mismo le sucedió a Jorge Farías, todo un personaje en la bohemia porteña, algo así como una leyenda viviente, pero al que ni siquiera se consideró en los eventos de celebración por el nombramiento de Valparaíso como Patrimonio de la Humanidad. Y eso que fue él y no otro, el primero en grabar y popularizar aquel nostálgico tema.
La gente del puerto conoce a Farías y los bares son testigos de todas las veces que, guitarra en mano, cantó: “en mis primeros años, yo quise descubrir / la historia de tus cerros, jugando al volantín / como las mariposas que vuelan entre las rosas / yo recorrí tus cerros, hasta el último confín”.
La Joya del Pacífico nos habla de una ciudad ideal, escenario de juegos infantiles e historias de amor, añorada por sus cerros, su colorido, su bahía y su vida social. Nos transporta a un mundo de otro tiempo en el que todo era mejor.
LA OTRA JOYA
Similar efecto provoca una creación artística que posee el nombre de la antigua canción, pero que en lugar de encontrar su vía de expresión en la música lo hace en la actuación.
La obra de teatro “La Joya del Pacífico”, del director Rodrigo Achondo, también nos traslada a otro lugar, pero no a ese universo idealizado que recrea el tema de Víctor Acosta, sino a un submundo real y a menudo ignorado, en el que coexisten personajes que deambulan en la marginalidad.
Es la otra cara de Valparaíso, esa que todos intuyen y pocos conocen, aquella en que las circunstancias las determina la pobreza, la ley es dictada por el narcotráfico, el castigo lo impone la violencia y la diversión corre por cuenta de la prostitución.
El montaje de egreso de la cuarta generación de alumnos del Teatro Escuela La Matriz trata sobre hombres y mujeres que se refugian en la noche para sobrevivir a costa a una rutina eterna de excesos y desolación, que tiene por único objetivo la obtención de dinero fácil para poder optar a una existencia mejor.
Jóvenes actores, dirigidos por el mentor de MunChile y Asesino Bendito, nos muestran el sórdido mundo de una bohemia porteña en decadencia y, sin caer en caricaturas, enfatizan el lado humano de quienes pertenecen a ese entorno social.
“La Joya del Pacífico” es una obra no juzgadora, que apunta más a entender las razones que sumergen a sus personajes en la droga, la delincuencia o la prostitución, que a realizar un análisis moral de sus actos. Representa una interesante mirada que, lejos de ensalzar los atractivos de la ciudad, indaga en las aristas olvidadas de su realidad.
(gentileza L.Gorigoitía año 2007)
Un recuerdo a Jorge Farías a quien conocí en el Bar Valparaíso aquí en Santiago de Chile.
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Jorge Farías en los Barrios Porteños








