Aunque he escrito un montón de versos que con escaso empeño de mi parte, han sido publicados, editados en libros y discos recitados continuamente y hasta incluidos en antologías, yo no soy poeta sino un hombre corriente que a pesar de armar letras, se han ganado siempre la vida con números; que le gusta, por encima de todo, construir, reparar y hasta destruir cosas con las manos y que, muy de vez en cuando, siente en forma imperativa que tiene algo que decir, que le sopla al oído el duende travieso de la inspiración; que se ha transformado en un receptor sensible y doloroso de vivencias, ideas y consonancias venida de quien sabe donde y entonces , para volver de nuevo a su maciza y prosaica realidad, no tiene otro remedio que vaciar su carga en el papel sufrido que todo lo aguanta.
Talves por eso mismo, quiero decir, porque no soy poeta, los libros y discos que contienen mis versos se han vendido en su totalidad y hoy se encuentras agotados. Sobre estos algunos poetas han dicho que se debe a que yo escribo para los rotos. Ojala fuera cierto, pero no lo es, pues a pesar de sentirme roto chileno en el mas amplio sentido de la
expresión, siempre he querido dar a mis creaciones literarias, aun la mas costumbristas, algún sentido de universalidad. Por que soy un convencido de que excluidos algunos tipos fuera de serie o inadaptados, en el fondo aquí y en la quebrada del ají, moros y cristianos somos extraordinariamente parecidos.
Y a propósito de moros ….Resulta que desde hace tiempo, hasta mi tranquilo y soleado hogar en Quilpué, me estuvieron llegando de vez en cuando en noticias de que mis versos se estaban “cantando “ en Santiago, Debido a la proverbial mala memoria y la imprecisión de los chilenos, no pude obtener mas detalles y cuando acuciada mi curiosidad, me preparaba para viajar a la capital a averiguar lo que sucedía, tuve una tarde la grata sorpresa de recibir la visita del gran guitarrista Eugenio Moglía, quien después de una larga búsqueda, había conseguido al fin dar con mi paradero.
Así fue como vine a saber que el había puesto música a mis romances costumbristas y que estos estaban siendo exitosamente por Los Moros, conjunto integrado por el mismo Eugenio, junto a Armando Zúñiga y Patricio Liberona, incluyendo también en las partes recitadas por Jorge Yáñez cuyas actuaciones en teleteatro, sin saber lo anterior, seguía yo entonces con verdadero interés.
Mas adelante tuve el privilegio, extremadamente raro para un autor, de asistir en mi propia casa a una audición exclusiva de mis obras y entonces con emocionada sorpresa que llegó
a ratos al estupor y aun al recogimiento, pude comprobar como, transformado por la inspirada música de Eugenio, por la interpretación acertadísima; por el colorido multiforme de las voces cálidas y varoniles empinándose sobre las guitarras; y por extraordinario desempeño de Jorge Yáñez en las partes recitadas, todos los personajes de mis romances: patrones, rotos choros, peones, china y huasos se vitalizaban y robustecían, cobraban vida tumultuosa y mostraban en sus existencias ficticias un vigor y un realismo que jamás tuvieron antes interpretados en forma meramente recitada.
Después he vuelto a escuchar una y otra vez mis versos en radio, televisión y teatro en las voces chilenazas de Los Moros y cada vez he tenido la impresión de oír algo mejor y distinto a lo que yo escribí, mas vigoroso, mas humano, con pulso y respiración intensamente vitales.
Ahora Los Moros van a lanzar su primer disco con diez de mis romances costumbristas.
Aparte de mi lógico interés personal en el asunto, espero y deseo, por ellos, que el disco constituya un éxito grande y un escalón solido para que continúen subiendo más y mas hacía el triunfo. Se lo merecen de sobra por su calidad artística y humana
Por su espíritu de superación, por su honradez profesional y sobre todo, por su dedicación y amor a los dichos y a los hechos de los hombres y mujeres que forman la masa y el fermento de nuestro Chile.
Andrés Rivanera 1971
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